jueves, 2 de diciembre de 2010

Diálogo de media tarde

 Tengo tatuada el alma de silencios, de caricias.
 La tinta es mi sangre y cada palpitar una aguja.

 Sangre que penetra mi piel, que acaricia con aliento
 que nace de tus labios, que dibujan el contorno de mis muslos.

Esos muslos fuertes y precisos que envuelven los caminos de mi cuerpo,
ese cuerpo que se pierde en las montañas de mi pecho agitado.

Que me gritan los silencios que emanan tus mentiras,
que disfrazan la realidad, que se esconde tras la lengua que me miente
y que me come, marcando caminos por mi espalda.

Que me incita a trazar caminos con silencio caminos por tu pecho,
que me piden que te recorra como brisa,
que dicen tanto,  pero casi nunca hablan.

Tus palabras incitaron a las mías y salieron a ducharse de susurro
que embarnecen a la media tarde.